domingo, 27 de marzo de 2011

Vitamina D, Sol y Piel

Conozca nuevos rituales de belleza para seguir en estos tiempos de cambio climático.


La humanidad se está viendo obligada a adoptar nuevos hábitos y a ser más exigente en los rituales de belleza preventivos, para proteger el rostro y cuerpo de los padecimientos que se desencadenan con la fiebre que está experimentando el planeta. Y la piel es el primer órgano que siente las consecuencias del calentamiento global, como disminución de la capa de ozono, los cada vez más nocivos rayos solares, los cambios drásticos de temperatura (fuertes oleadas de calor o frío extremo), la polución y el aumento de toxinas y tóxicos en el ambiente. Y lo más grave es que esta, al ser el órgano más expuesto y el más extenso del cuerpo, se convierte en la puerta de entrada de enfermedades que precisan atención y cuidado oportuno.

La recomendación prioritaria que lanzan los expertos consultados por CARRUSEL es que se debería cambiar el tiempo de exposición al sol. La dermatóloga Cheryl Karcher, asegura que ya no hay una exposición mínima segura. "La comunidad científica sentenció en el encuentro de la Academia norteamericana de dermatología, en EE. UU., que 15 minutos de sol, que es lo necesario para crear vitamina D, ya genera daño en las células de la piel y por eso es más seguro tomar suplementos de vitamina D".

Cristophe Paillet, ingeniero en química orgánica y director de desarrollo e información científica del laboratorio Exsymol en Mónaco, asegura que el abuso de los rayos solares "genera enrojecimiento, manchas por hiperpigmentación de melanina, estimula la producción de metaloproteínas MMP1, que afectan al colágeno y por tanto producen arrugas, perjudican directamente el ADN de la piel o estimulan la generación de especies reactivas de oxígeno (ERO) que son moléculas oxidantes. Estos dos últimos efectos pueden desencadenar cáncer en la piel".

Justamente las lesiones más comunes son las causadas por el sol, le siguen las que aparecen por la polución, las quemaduras ocasionadas por el viento, las autoinfligidas, las dermoabrasiones muy fuertes y también por  lavar y exfoliar la piel en exceso. La variación drástica de la temperatura de la Tierra aumenta la resequedad, que al persistir por mucho tiempo afecta la calidad del estrato córneo y estimula otros efectos como la descamación y el aspecto áspero y opaco. Enrojecimiento, prurito y descamación temporal o crónica son las señales en las pieles sensibles. Y el impacto aumenta en los países con estaciones por el uso de aire acondicionado en verano o calefacción en el invierno. 

Dime qué comes...

Aumento de brillo en pieles grasosas, de celulitis y de medidas corporales son efectos de una dieta sin frutas y verduras y con abuso de grasas, harinas y azúcar. La deficiencia de elementos químicos también se nota. "Particularmente de silicio -dice Paillet-, porque se opaca y pierde elasticidad la piel. Este es un  elemento esencial que no lo genera el organismo por si solo y se encuentra en cereales integrales, verduras de hojas o tallos verdes, sandía y frutos secos.

Sol, ¿Por qué es bueno? "Porque estimula la producción de vitamina D que favorece la absorción de calcio, aumenta la síntesis de hormonas sexuales, además tiene un poderoso efecto antidepresivo y contribuye en la mejoría de ciertas enfermedades dérmicas como la psoriasis".

Protector solar ¿cada cuánto? "Tres veces al día, a las 7 a.m., a las 12 m. y a las 3 p.m. No es exageración, pero protéjase con sombrilla, lentes y sombrero en lo posible. El cáncer de piel es uno de los más frecuentes en el mundo" Cuídese de las radiaciones ultravioleta A y B del sol. "Ambas son perjudiciales. La A puede alterar la dermis, la segunda capa de la piel, y con el tiempo genera su envejecimiento, además potencializa el daño que produce la B. Esta, precisamente, podría producir daños incluso en la estructura de las células y desarrollar cáncer", explica el dermatólogo Juan Guillermo Pabón. 

No deje de usar: protectores solares, que disminuyen los daños producidos por estas radiaciones. Para la radiación ultravioleta B existe el Factor de Protección Solar (FPS) contra las quemaduras solares. Un factor alto es 50 o más, pero no significa que proteja 50 veces más, sino su grado de protección.  Se pueden encontrar también protectores solares que indican la protección contra la radiación ultravioleta A, y aparecen con mediciones de factor de pigmentación tardío, como PPD 28,  (sus siglas en inglés).

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