sábado, 15 de mayo de 2010

Los jabones y la piel


CONSUMO Y OCIO CONSUMER EROSKI Y http://www.consumer.es/

Sin pasarse de limpio


Ducharse más de una vez al día o hacerlo con jabones que alteren el PH de la piel puede originar enfermedades cutáneas

15.05.10 - 02:50 -
CONSEJOS PARA UNA HIGIENE SALUDABLE



Con una ducha al día es suficiente para mantenerse limpio y aseado. El agua debe estar tibia porque a temperaturas mayores la piel se seca y puede llegar a cuartearse.

Quienes se duchen más de una vez al día deberían limitar el uso de jabón a la primera. Conviene que el gel incluya en su composición extractos de aceites vegetales (mantienen y regeneran el manto protector de la piel) y que además respete el PH de la piel. Lo adecuado es que el índice se encuentre en torno al 5,5 y no supere el 6,5.

El sector cosmético está sometido a una fuerte regulación, pero no está de más comprobar que el producto de baño adquirido dispone del listado de ingredientes, que la información está en castellano y que en ella figuran los datos de un fabricante de la Unión Europea o con responsabilidad en ella.

Se debe ser cuidadoso en la aplicación del gel de baño. No hay que hacerlo con fuertes fricciones, ya que podemos agredir a nuestra piel. Basta un leve masajeo con la mano o con una esponja muy suave para retirar la posible suciedad del cuerpo.

No hay que descuidar la hidratación después de la ducha (previene la tirantez y la sequedad de la piel) ni su secado, de manera especial en axilas, ingles y pies. Se previene así la aparición de infecciones fúngicas.

Para despejarse por la mañana, conseguir el efecto contrario a última hora, o porque sí, el hábito de colocarse bajo la alcachofa de la ducha y abrir el grifo está tan arraigado en nuestras rutinas diarias que su idoneidad no se pone en duda. Entra dentro de esas cuestiones que la gran mayoría reconoce ante los demás como habituales e imprescindibles en su día a día.
Tres de cada cuatro españoles se duchan al menos una vez al día durante 5 ó 10 minutos. Higiene, aseo y confor son las razones principales que nos llevan a ponernos bajo el agua. Ahora bien, ¿dónde está la frontera entre la higiene y el exceso de ella? Y lo que es más importante, ¿cuáles son los daños que la piel puede sufrir al cruzarla? No se trata de poner en duda el acto de ducharse en sí, sino de conocer los riesgos que un exceso de celo en nuestra higiene, combinado con el uso de productos inapropiados, pueden causar.
El manto hidrolipídico
La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano, y es además la primera línea de defensa, la barrera con la que el organismo se protege de los elementos y de los microorganismos nocivos. Está compuesta por diferentes capas y estratos, de los que la piel se vale para llevar a cabo esta función. Uno de ellos es el manto lipídico que la recubre, la protege de forma natural y al que no siempre se le brindan los cuidados que merece. Se compone de agua, lípidos y otros componentes que ayudan a retener el agua en la dermis. Esta función es clave porque la piel necesita estar hidratada para poder llevar a cabo su labor protectora.
La capa de lípidos tiene un PH ligeramente ácido, que se sitúa en torno al 5,5, que es lo que impide que gérmenes, bacterias, virus, ácaros y microorganismos campen a sus anchas por nuestra piel. Por eso es importante no alterar esa acidez. Si se modificara, el manto perdería propiedades, y se volvería incapaz de frenar el avance y la proliferación de estos agentes externos. No es la descripción de un caso extremo o poco probable. Gestos como el de ducharse en repetidas ocasiones a lo largo del día y emplear jabones, geles u otros productos que perturben el índice de acidez natural de la piel pueden ser los principales culpables de agotar el manto lipídico.
Enfermedades por exceso
Según la Academia Española de Dermatología y Venereología, nuestra piel está preparada para una única ducha diaria. Si nos duchamos varias veces en un solo día sin poner en práctica hábitos como el de hacerlo únicamente con agua y sin jabón en las segundas y terceras duchas, el exceso se puede saldar con la aparición de alguna de las siguientes enfermedades:
-Dermatitis atópica: La más conocida por su creciente incidencia. La asociación española de familiares y pacientes de esta enfermedad calcula que en nuestro país cerca del 10% de la población convive en la actualidad con esta dolencia, con especial prevalencia entre los más pequeños. Se estima que la dermatitis atópica ocupa el 20% de las consultas de los servicios de dermatología pediátrica.
Cuando una persona sufre dermatitis, su piel no cuenta con el manto lipídico protector y se da una pérdida de agua que origina una intensa sequedad. Se padece una molesta e irritante sensación de picor que en algunas ocasiones hace muy difícil evitar su rascado. Aunque la dermatitis atópica es una enfermedad crónica -sin cura por el momento-, existe un tratamiento que logra al menos controlar síntomas como el del picor y el enrojecimiento de la piel.
-Infecciones: Otro de los problemas de perder la acidez natural del manto es que nuestra piel puede ser víctima de infecciones. La popular pitiriasis alba, fácilmente reconocible por la aparición de manchas blanquecinas o con falta de pigmentación en la espalda y en las extremidades superiores, es una buena muestra. En ocasiones, dermatitis atópica y pitiriasis van de la mano: la primera conlleva la proliferación de la segunda. La piritiasis se asocia a la piscina por el cloro. Resultado: la piel ya no está en condiciones de frenar el avance de microorganismos externos. En el caso de la pitiriasis, su tratamiento, por vía tópica, se dilata en el tiempo convirtiéndose en una tarea tediosa y molesta que conviene evitar cambiando ciertos hábitos de nuestra higiene diaria.
-Alergias: Surgen porque las pieles con el manto hidrolipídico dañado son más sensibles. La predisposición es más alta cuando la capa protectora de la piel está agotada, pero ello no quiere decir que todas las pieles vayan a ser hipersensibles a determinadas sustancias. Depende de cada persona y del tipo de piel. En este caso, los alérgenos que normalmente causan las reacciones alérgicas son algunos de los componentes de los propios geles de baño: desde los espesantes y emulsionantes, hasta el propio perfume o el color del producto.
PH 5,5 y aceite vegetal
Al igual que la piel, los geles y los jabones tienen también PH, el índice de acidez que mide la alcalinidad del producto. Hay que ser cuidadoso y emplear sólo aquellos con un PH cercano al de la piel: 5,5. Y que en ningún caso excedan el 6,5. A partir de esa cifra, el gel es desaconsejable porque el riesgo de que altere y acabe neutralizando el manto hidrolipídico de la piel es muy alto. Se tiende a pensar que la efectividad de un gel de baño se mide por la cantidad de espuma o burbujas que haga. En otras ocasiones, lo compramos por el olor. Ambos son planteamientos erróneos. El tipo de gel más adecuado no destaca ni por su fragancia ni por ser excesivamente espumoso. Los jabones más convenientes son los que incluyen entre sus componentes aceite de oliva u otros aceites vegetales como el de almendras, el de germen de trigo, el de palma o el de coco.
Además, hay que prevenir la sequedad de la piel y no descuidar su hidratación después de la ducha. Por eso, no está de más establecer una rutina de hidratación. La crema hidratante o el aceite corporal deben aplicarse con ligeros masajes sobre la piel ya seca hasta que se absorba. No obstante, hay que limitar la cantidad y la frecuencia de aplicación de la crema hidratante sobre la cara y el cuello. En ocasiones, se abusa de este tipo de fluido y se favorece la aparición de otras enfermedades cutáneas como el acné.

Comentario:
encuentra jabones de base aceite vegetal en Homeoderma
http://www.homeoderma.info/

No hay comentarios: